el 5 de junio Mar de Cuentos MDQ se presento una vez más, con mucho firulete, paredes y gambetas cuenteras. Dos líneas de cuatro bien plantadas, ¿y la hinchada? la hinchada acompaño como siempre.
Los cuentos narrados fueron los siguientes:
1) GRACIELA SEGURA: “El héroe”, de Ricardo Mariño
2) ANA MARÍA SÁNCHEZ: “El cuadro de Raulito”, de Eduardo Sacheri
3) LILIANA BUSTOS: “Fátima Fútbol Club”
4) MARÍA ELENA EZQUERRA: “La Patria y el fútbol”, de Sandra Lorenzano
Pequeño intervalo
1) OLGA CHIPY: “Ricardo”, de Olga Chipy
2) MARIANA RODRÍGUEZ: “La madre de Mariano Osorno”, de Claudia Piñeyro
3) LAURA SIRI: “La barrera”, de Roberto Fontanarrosa
4) MARCELA LUPINI: “Messi, el perro”
5) ADRIANA GALIANO: “La mano de Dios, desde un bar de Fiorito”, de José M. Pascual

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Francisco un vasco anarquista que llegó a principios del siglo XX, había logrado arrendar un campo, lo que le permitió criar a su numerosa familia de doce hijos, junto a su mujer.
A pesar de que hacia mucho tiempo que vivía en este país, cuando hablaba parecía una mezcla de gallego con indio, nunca se enteró que los verbos se conjugaban, para él todo era en infinitivo. Ni hablar de football, decía: “joder, yo no entender como veintidós hombres correr pelota tanto tiempo”, además no hubiese podido jugar, porque nunca se puso otro calzado que no sean las botas de cuero, endurecido por tantas mojaduras.
Ricardo el menor fue el único que comenzó sus estudios secundarios en el pueblo. Los compañeros lo invitaron a ser parte del equipo de football del club donde practicaban, cosa que al padre no le causaba mucha gracia.
Un sábado Ricardo salió en su bicicleta para la cancha a entrenar y cuando llegó se dio cuenta que el cachorrito negro lo había seguido. Ni bien lo vieron los muchachos al perrito, lo recibieron muy contentos y lo nombraron mascota del equipo, llamándolo Negrito.
Resultó que el Negrito, era Negrita y fue creciendo. Los chicos le enseñaron a golpear con el hocico la pelota para iniciar cada partido.
Una mañana temprano, cuando Francisco se levantó, preparó el mate, mientras esperaba a los demás que se levantaran de dormir, miraba por la ventana la quinta que con orgullo mostraba a todas las personas que lo visitaban.
De pronto, vio correr entre los tomates, las acelgas, las arvejas a una jauría de perros detrás de la Negrita, que ya había crecido lo suficiente como para ser mamá.
Francisco salió a las chuequeadas con un palo en la mano a espantar a los perros, entre gritos y palazos al aire, los perros se fueron escapando, pero uno de esos movimientos, fue a dar en la cabeza de la Negrita, la que calló desplomada sobre la tierra entre las lechugas.
Desesperado por lo que había hecho, buscó una pala, cavó un pozo y la enterró antes que lo vieran y en especial Ricardo.
El día pasó, nadie se dio cuenta que faltaba la Negrita, pensarían que andaba por ahí con los perros. No comentó nada a nadie.
Al día siguiente realizando su rutina de todas las mañanas, pensando como se lo iba a decir a Ricardo, al mirar por la ventana vio a los perros corriendo otra vez por la quinta, fue tal el asombro al ver que delante de todos iba la Negrita,
Que dijo –joder, ¡menos mal!, ¡porque hoy Ricardo jugar primer partido de campeonato!
Olga Chipy